Según publicó el diario Expansión (10 de enero de 2011), las autonomías que sufrieron el año pasado el mayor desplome de su PIB per cápita (el indicador que suelen utilizan los analistas y los servicios de estudios privados para medir la riqueza de los países y de las regiones) fueron Castilla-La Mancha, Extremadura, Cataluña y las Islas Baleares, en este orden.
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miércoles, 16 de marzo de 2011
lunes, 14 de marzo de 2011
Mikel Buesa sobre la independencia de Cataluña
Una vez más ha resumido su punto de vista: la independencia podría ser posible, pero sería muy empobrecedora para los catalanes.
¿Y para los españoles? Quizás podría ser hasta rentable, según algunos economistas.
¿Y para los españoles? Quizás podría ser hasta rentable, según algunos economistas.
Aquí os dejamos un artículo del blog de Mikel Buesa, sobre la independencia de Cataluña:
Con el título ¿Una Cataluña independiente? he publicado un artículo en la Actualidad Económica un artículo en el que sintetizo los principales aspectos económicos del proyecto soberanista que tanto vuelo está adquiriendo en las últimas semanas en Cataluña. Para mi está claro que la independencia de Cataluña es un acontecimiento que pudiera tener lugar, pues la historia de las naciones nunca está escrita para siempre. Se me pregunta a veces si esa independencia sería viable. Mi respuesta es clara: sería viable pero empobrecedora para los catalanes. Esto es lo que creo que quienes propugnan la independencia no deberían ocultar; y los que tengan en su día la oportunidad de elegir no deben ignorar.
El texto de mi artículo lo transcribo a continuación:
El texto de mi artículo lo transcribo a continuación:
En las últimas semanas, desde que el nuevo gobierno de Cataluña ha descubierto que Montilla dejó el cargo y la Generalidad en la ruina, han arreciado las apelaciones a la independencia entre los nacionalistas moderados de CiU. El colofón lo ha puesto Jordi Pujol en un artículo titulado «Del Tribunal Constitucional a la independencia. Pasando por Quebec» publicado por el Centre d’Estudis que lleva su nombre. En él, no sin cierta confusión, el expresidente se queja de que su región sea como las demás de España debido a que «la puerta abierta a los hechos diferenciales … pronto se cerró» y ello ha hecho que se consolide «un modelo homogeneizador, de techo competencial muy bajo … y sometido a un creciente ahogo financiero». Y de ahí deduce que «la alternativa a esto ahora tan solo podría ser la independencia». Una alternativa que reconoce «de difícil realización» en el aspecto político, pues en el económico, dice, «una Catalunya independiente es viable».
Es este último argumento de Pujol, muy enraizado en los medios nacionalistas catalanes a pesar de que, salvo en un par de conferencias de Xavier Sala i Martín, éstos no han hecho el menor esfuerzo para analizar el asunto con rigor, el que me interesa discutir ahora, pues, en efecto, la independencia de Cataluña puede ser económicamente viable, aunque, sin duda, será muy empobrecedora para los catalanes. En uno de los capítulos de mi libro La crisis de la España fragmentada (Ediciones Encuentro, Madrid, 2010) he desarrollado los argumentos y los cálculos sobre los que se sustenta la afirmación precedente, por lo que el lector sabrá disculpar que aquí solo los resuma.
El punto de partida de cualquier evaluación prospectiva acerca de los efectos económicos de la secesión debe ser la consideración de lo que los economistas denominamos «efecto frontera». Este concepto —que fue acuñado por los profesores McCallum y Helliwell en Canadá al investigar las implicaciones de una hipotética independencia de Quebec, provincia ésta que parece interesar a Jordi Pujol y que menciona en el artículo antes citado— alude a los costes que, para comerciar, se derivan de la existencia de fronteras y que se manifiestan en el hecho de que los intercambios de mercancías y servicios son mucho más fáciles en el interior de cada país que con el exterior, incluso aunque se pertenezca a una unión aduanera.
Para Cataluña —cuyas exportaciones se dirigen en un 56,4% a las demás regiones de España y en una 23,9% a los otros países de la Unión Europea, y cuyas importaciones proceden de esos mismos ámbitos geográficos en un 43,9 y un 31,5%, respectivamente— las estimaciones de ese efecto frontera señalan que su comercio es 22 veces más intenso con el resto de España que con cualquier otro país del mundo en condiciones de tamaño y distancia equivalentes. Incluso en un trabajo reciente publicado por el IESE la estimación se eleva hasta una intensidad de 44 veces. Pues bien, la investigación económica ha puesto de relieve que, en los casos de secesión, el efecto frontera disminuye drásticamente. Por ejemplo, en las antiguas repúblicas soviéticas y yugoslavas se dividió entre tres y cinco. Y el efecto de esta reducción es equivalente al que se derivaría de la aparición de un arancel adicional al que ya existe con las áreas con las que se comercie.
Mis cálculos para Cataluña —que son bastante conservadores— señalan que una reducción a la mitad del efecto frontera —menos de lo que indican los casos aludidos—, derivada de la independencia, sería equivalente a la imposición de un arancel del 26% a sus exportaciones hacia el resto de España. A su coste habría que añadir el efecto de la Tarifa Exterior Común de la Unión Europea que, dada la composición del comercio exterior catalán, sería, en promedio, del 5,7%; y también los gastos derivados de los trámites aduaneros, inspección de mercancías en frontera, licencias y riesgo de cambio que, tomando como base los cálculos de la OCDE, pueden ser del 13%. En suma, de la independencia de Cataluña se derivará un aumento de los precios del 44,7% para sus exportaciones hacia las demás regiones españolas y del 18,7% para las que se orientan a los demás países europeos —donde el efecto frontera no cuenta—.
Este aumento de los precios conducirá, en virtud de la sensibilidad de la demanda con respecto a ellos, a una reducción de las exportaciones catalanas. Mis cálculos señalan una pérdida de mercados cercana a los 58.000 millones de euros; o lo que es lo mismo, a una disminución del 26,7% en el PIB de Cataluña. Naturalmente, una consecuencia inmediata de ello es la reducción del nivel de vida de la población, de manera que, con la independencia, la renta per capita de los catalanes caerá al nivel que ahora tienen los griegos, los eslovenos o los chipriotas.
La pérdida del nivel de vida no es el único efecto de esta economía de la secesión catalana. Otro aspecto interesante es el que reflejará el sector exterior. Cataluña obtiene en la actualidad un superávit comercial equivalente al 3,1% de su PIB. En realidad, su posición es muy cómoda con respecto al resto de España —con la que se anota un excedente del 10%— y más bien modesta con relación a los países europeos y al resto del mundo —con los que contabiliza unos déficits del –4,3 y el –2,6%, respectivamente—. Con la independencia todo esto cambiará. La relación con España se tornará deficitaria y, además, el desequilibrio con la Unión Europea aumentará. En suma, cabe esperar un déficit comercial equivalente al 18,8% del PIB. Dicho de otra manera, Cataluña acabará siendo la nación independiente más deficitaria del mundo, naturalmente siempre que encuentre quien financie su desequilibrio, pues si no es así, la crisis de su economía será aún más profunda de lo ya señalado y el empobrecimiento de sus habitantes más intenso de lo que antes he apuntado.
Y a todo lo anterior habrá que añadir la creación del Estado Catalán. Éste, teniendo una dimensión más bien pequeña que añadiera sólo unas pocas competencias imprescindibles a las de la actual Generalidad, no costaría menos de 58.089 millones de euros. Algunos argumentan que, con los actuales recursos de la Administración regional y los que se derivarían de dejar de pagar impuestos y cotizaciones sociales a España, bastarían. Sus cuentas —que sitúan la suma de todo ello en 67.480 millones— no tienen en cuenta, sin embargo, que si la economía reduce su tamaño, entonces también cae la recaudación fiscal. Mi estimación señala que la crisis provocada por la independencia dejará los ingresos del Estado Catalán, incluyendo la Seguridad Social, en 49.853 millones de euros, con lo que el nuevo gobierno nacerá a la soberanía con un déficit insostenible. Teniendo en cuenta que esa crisis dejará en el desempleo a más de un millón de trabajadores y que el coste de su protección puede sumar otros 9.256 millones al gasto público, ese déficit no será inferior al 11% del PIB.
En suma, en la Cataluña de la independencia los asuntos económicos irán mal, lo mismo que han ido mal en los países que, en los años noventa, lograron su soberanía por medio de procesos de secesión. Digamos que la independencia es posible aunque no promete la prosperidad sino el empobrecimiento.
Es este último argumento de Pujol, muy enraizado en los medios nacionalistas catalanes a pesar de que, salvo en un par de conferencias de Xavier Sala i Martín, éstos no han hecho el menor esfuerzo para analizar el asunto con rigor, el que me interesa discutir ahora, pues, en efecto, la independencia de Cataluña puede ser económicamente viable, aunque, sin duda, será muy empobrecedora para los catalanes. En uno de los capítulos de mi libro La crisis de la España fragmentada (Ediciones Encuentro, Madrid, 2010) he desarrollado los argumentos y los cálculos sobre los que se sustenta la afirmación precedente, por lo que el lector sabrá disculpar que aquí solo los resuma.
El punto de partida de cualquier evaluación prospectiva acerca de los efectos económicos de la secesión debe ser la consideración de lo que los economistas denominamos «efecto frontera». Este concepto —que fue acuñado por los profesores McCallum y Helliwell en Canadá al investigar las implicaciones de una hipotética independencia de Quebec, provincia ésta que parece interesar a Jordi Pujol y que menciona en el artículo antes citado— alude a los costes que, para comerciar, se derivan de la existencia de fronteras y que se manifiestan en el hecho de que los intercambios de mercancías y servicios son mucho más fáciles en el interior de cada país que con el exterior, incluso aunque se pertenezca a una unión aduanera.
Para Cataluña —cuyas exportaciones se dirigen en un 56,4% a las demás regiones de España y en una 23,9% a los otros países de la Unión Europea, y cuyas importaciones proceden de esos mismos ámbitos geográficos en un 43,9 y un 31,5%, respectivamente— las estimaciones de ese efecto frontera señalan que su comercio es 22 veces más intenso con el resto de España que con cualquier otro país del mundo en condiciones de tamaño y distancia equivalentes. Incluso en un trabajo reciente publicado por el IESE la estimación se eleva hasta una intensidad de 44 veces. Pues bien, la investigación económica ha puesto de relieve que, en los casos de secesión, el efecto frontera disminuye drásticamente. Por ejemplo, en las antiguas repúblicas soviéticas y yugoslavas se dividió entre tres y cinco. Y el efecto de esta reducción es equivalente al que se derivaría de la aparición de un arancel adicional al que ya existe con las áreas con las que se comercie.
Mis cálculos para Cataluña —que son bastante conservadores— señalan que una reducción a la mitad del efecto frontera —menos de lo que indican los casos aludidos—, derivada de la independencia, sería equivalente a la imposición de un arancel del 26% a sus exportaciones hacia el resto de España. A su coste habría que añadir el efecto de la Tarifa Exterior Común de la Unión Europea que, dada la composición del comercio exterior catalán, sería, en promedio, del 5,7%; y también los gastos derivados de los trámites aduaneros, inspección de mercancías en frontera, licencias y riesgo de cambio que, tomando como base los cálculos de la OCDE, pueden ser del 13%. En suma, de la independencia de Cataluña se derivará un aumento de los precios del 44,7% para sus exportaciones hacia las demás regiones españolas y del 18,7% para las que se orientan a los demás países europeos —donde el efecto frontera no cuenta—.
Este aumento de los precios conducirá, en virtud de la sensibilidad de la demanda con respecto a ellos, a una reducción de las exportaciones catalanas. Mis cálculos señalan una pérdida de mercados cercana a los 58.000 millones de euros; o lo que es lo mismo, a una disminución del 26,7% en el PIB de Cataluña. Naturalmente, una consecuencia inmediata de ello es la reducción del nivel de vida de la población, de manera que, con la independencia, la renta per capita de los catalanes caerá al nivel que ahora tienen los griegos, los eslovenos o los chipriotas.
La pérdida del nivel de vida no es el único efecto de esta economía de la secesión catalana. Otro aspecto interesante es el que reflejará el sector exterior. Cataluña obtiene en la actualidad un superávit comercial equivalente al 3,1% de su PIB. En realidad, su posición es muy cómoda con respecto al resto de España —con la que se anota un excedente del 10%— y más bien modesta con relación a los países europeos y al resto del mundo —con los que contabiliza unos déficits del –4,3 y el –2,6%, respectivamente—. Con la independencia todo esto cambiará. La relación con España se tornará deficitaria y, además, el desequilibrio con la Unión Europea aumentará. En suma, cabe esperar un déficit comercial equivalente al 18,8% del PIB. Dicho de otra manera, Cataluña acabará siendo la nación independiente más deficitaria del mundo, naturalmente siempre que encuentre quien financie su desequilibrio, pues si no es así, la crisis de su economía será aún más profunda de lo ya señalado y el empobrecimiento de sus habitantes más intenso de lo que antes he apuntado.
Y a todo lo anterior habrá que añadir la creación del Estado Catalán. Éste, teniendo una dimensión más bien pequeña que añadiera sólo unas pocas competencias imprescindibles a las de la actual Generalidad, no costaría menos de 58.089 millones de euros. Algunos argumentan que, con los actuales recursos de la Administración regional y los que se derivarían de dejar de pagar impuestos y cotizaciones sociales a España, bastarían. Sus cuentas —que sitúan la suma de todo ello en 67.480 millones— no tienen en cuenta, sin embargo, que si la economía reduce su tamaño, entonces también cae la recaudación fiscal. Mi estimación señala que la crisis provocada por la independencia dejará los ingresos del Estado Catalán, incluyendo la Seguridad Social, en 49.853 millones de euros, con lo que el nuevo gobierno nacerá a la soberanía con un déficit insostenible. Teniendo en cuenta que esa crisis dejará en el desempleo a más de un millón de trabajadores y que el coste de su protección puede sumar otros 9.256 millones al gasto público, ese déficit no será inferior al 11% del PIB.
En suma, en la Cataluña de la independencia los asuntos económicos irán mal, lo mismo que han ido mal en los países que, en los años noventa, lograron su soberanía por medio de procesos de secesión. Digamos que la independencia es posible aunque no promete la prosperidad sino el empobrecimiento.
jueves, 20 de enero de 2011
Mikel Buesa: "Si Cataluña se independizara, su PIB caería un 25 por ciento"
Mikel Buesa, economista, publica «La crisis de la España fragmentada».
-Ha escrito un libro sobre la crisis económica de España asequible a los profanos.
-¡Eso es lo que he intentado! Se pueden decir las cosas de manera que se entiendan.
-Se entienden. Deja usted bien claro que además de los problemas más comentados (falta de liquidez de los bancos, burbuja del ladrillo), también la fragmentación territorial lastra la recuperación de España.
-Porque junto a los aspectos más estrictamente económicos de la crisis hay un aspecto político fundamental, y que se deriva del actual reparto territorial del poder. Las Administraciones de las comunidades autónomas son excesivamente grandes y el Estado tiene cada vez menos peso. De hecho, la importancia de las autonomías es ya mayor que la de los länder alemanes. Si una comunidad autónoma incurre en un déficit excesivo, el Estado tiene la competencia para limitar eso. Pero no se ejerce.
-¿La responsabilidad atañe a los dos grandes partidos?
-Por supuesto. De hecho, el gran salto en la autonomía en España no se da con el PSOE en el poder, sino con el PP, cuando Aznar transfiere la sanidad y la educación a todas las comunidades. Ese es el momento en el que se llega al mayor nivel de autonomía dentro del país. El problema es que seguramente no se sopesó lo suficiente la incapacidad del Estado para ejercer sus propias competencias porque los nacionalistas tienen un poder que excede con mucho su nivel de representación, como resultado del sistema electoral que tenemos.
-¿Le choca entonces que Aznar ahora ponga en cuestión el actual estado autonómico?
-Yo me imagino que él creyó que eso acabaría acallando todas las pretensiones localistas y nacionalistas. Pero finalmente esas aspiraciones han aumentado. En ese sentido, se equivocó. Sin embargo, no me parece mal que exprese esa opinión si a posteriori se ha dado cuenta de que el resultado final de ese proceso autonómico que también él impulsó no ha sido el apetecido.
-El expresidente dice también que ahora España está intervenida de hecho.
-La formulación que hace es un poco exagerada, pero no está mal encaminada. Estamos siendo vigilados muy de cerca por el FMI y por las instituciones europeas, y las decisiones de Zapatero vienen impulsadas desde esos foros internacionales. En ese sentido, es verdad que hay una intervención exterior de la política económica española.
-Aviso a separatistas: la ciencia económica revela que la secesión es un negocio ruinoso.
-Mis cálculos señalan, por ejemplo, que el PIB de una Cataluña independiente caería más del 25 por ciento y el déficit, al actual nivel de gasto público, sería superior al 11 por ciento. Así que esa idea que tienen los nacionalistas de que la independencia es un chollo porque ellos se van a quedar con los impuestos que ahora van al resto de España no es verdad. Porque por el efecto frontera la actividad económica sería menor y habría menos ingresos.
-Pone a caer de un burro el Plan E del Gobierno.
-Porque al final no ha sido más que una operación de propaganda. Que la intención fuera la de crear empleo no se corresponde con que dieran más dinero para obras a los ayuntamientos con más población, no a los que más parados tienen.
-Y no se cree que Zapatero haya fomentado la igualdad en términos contantes y sonantes.
-Ni Zapatero ni el Partido Socialista pueden decir que gracias a ellos hay más equidad porque no es verdad, según los datos del Instituto Nacional de Estadística, que muestran que con este gobierno ha aumentado la desigualdad. No mucho, pero se ha incrementado. En España la desigualdad disminuyó mucho en la segunda mitad de la década de los setenta y casi hasta finales de los años ochenta. Lleva veinte años más o menos igual.
-Ha escrito un libro sobre la crisis económica de España asequible a los profanos.
-¡Eso es lo que he intentado! Se pueden decir las cosas de manera que se entiendan.
-Se entienden. Deja usted bien claro que además de los problemas más comentados (falta de liquidez de los bancos, burbuja del ladrillo), también la fragmentación territorial lastra la recuperación de España.
-Porque junto a los aspectos más estrictamente económicos de la crisis hay un aspecto político fundamental, y que se deriva del actual reparto territorial del poder. Las Administraciones de las comunidades autónomas son excesivamente grandes y el Estado tiene cada vez menos peso. De hecho, la importancia de las autonomías es ya mayor que la de los länder alemanes. Si una comunidad autónoma incurre en un déficit excesivo, el Estado tiene la competencia para limitar eso. Pero no se ejerce.
-¿La responsabilidad atañe a los dos grandes partidos?
-Por supuesto. De hecho, el gran salto en la autonomía en España no se da con el PSOE en el poder, sino con el PP, cuando Aznar transfiere la sanidad y la educación a todas las comunidades. Ese es el momento en el que se llega al mayor nivel de autonomía dentro del país. El problema es que seguramente no se sopesó lo suficiente la incapacidad del Estado para ejercer sus propias competencias porque los nacionalistas tienen un poder que excede con mucho su nivel de representación, como resultado del sistema electoral que tenemos.
-¿Le choca entonces que Aznar ahora ponga en cuestión el actual estado autonómico?
-Yo me imagino que él creyó que eso acabaría acallando todas las pretensiones localistas y nacionalistas. Pero finalmente esas aspiraciones han aumentado. En ese sentido, se equivocó. Sin embargo, no me parece mal que exprese esa opinión si a posteriori se ha dado cuenta de que el resultado final de ese proceso autonómico que también él impulsó no ha sido el apetecido.
-El expresidente dice también que ahora España está intervenida de hecho.
-La formulación que hace es un poco exagerada, pero no está mal encaminada. Estamos siendo vigilados muy de cerca por el FMI y por las instituciones europeas, y las decisiones de Zapatero vienen impulsadas desde esos foros internacionales. En ese sentido, es verdad que hay una intervención exterior de la política económica española.
-Aviso a separatistas: la ciencia económica revela que la secesión es un negocio ruinoso.
-Mis cálculos señalan, por ejemplo, que el PIB de una Cataluña independiente caería más del 25 por ciento y el déficit, al actual nivel de gasto público, sería superior al 11 por ciento. Así que esa idea que tienen los nacionalistas de que la independencia es un chollo porque ellos se van a quedar con los impuestos que ahora van al resto de España no es verdad. Porque por el efecto frontera la actividad económica sería menor y habría menos ingresos.
-Pone a caer de un burro el Plan E del Gobierno.
-Porque al final no ha sido más que una operación de propaganda. Que la intención fuera la de crear empleo no se corresponde con que dieran más dinero para obras a los ayuntamientos con más población, no a los que más parados tienen.
-Y no se cree que Zapatero haya fomentado la igualdad en términos contantes y sonantes.
-Ni Zapatero ni el Partido Socialista pueden decir que gracias a ellos hay más equidad porque no es verdad, según los datos del Instituto Nacional de Estadística, que muestran que con este gobierno ha aumentado la desigualdad. No mucho, pero se ha incrementado. En España la desigualdad disminuyó mucho en la segunda mitad de la década de los setenta y casi hasta finales de los años ochenta. Lleva veinte años más o menos igual.
Entrevista a Mikel Buesa sobre la viabilidad de Cataluña y el País Vasco como país
Mikel Buesa analiza la viabilidad económica de la secesión en Cataluña y el País Vasco y la repercusión que esa eventual situación produciría en el conjunto de España.
Los nacionalistas gustan de pintar un idílico panorama económico para sus regiones en el caso de que llegaran a independizarse. Y añaden que el gran perjudicado en un proceso de secesión sería España, y no esas regiones. En una reciente entrevista, Mikel Buesa (UPyD) reflexiona al respecto:
Pregunta.- Los nacionalistas sostienen que si logran la independencia el problema será de España porque los ricos son ellos. Afirman que la riqueza está precisamente en las regiones que quieren segregar.
Respuesta.- Eso es radicalmente falso. Cataluña y el País Vasco forman parte del núcleo de regiones desarrolladas de España. Pero contra lo que dicen los nacionalistas, ellos no son los ricos, y los demás, pobres. Hay unas cuantas regiones que sobrepasan ampliamente el nivel de bienestar de Cataluña y el País Vasco. Buena parte de la actividad económica en esas dos regiones se genera porque colocan su producción en el mercado nacional. Aun cuando ahora no tenemos fronteras económicas en el marco europeo, el mercado nacional sigue siendo muy importante. Y la intensidad de la relación económica de las empresas catalanas y vascas con ese mercado es muchísimo mayor que con cualquier otro. Es el efecto frontera: hablamos el mismo idioma, participamos de un sustrato cultural común, hay siglos de relación, etc. Son muchos los elementos que intensifican esa relación.
Pregunta.- En cambio si fueran independientes aparecerían las fronteras.
Respuesta.- Si se rompe la relación con el resto de España aparecerán fronteras. Ser independiente no significa que uno está metido en el tinglado europeo, sino que tiene que empezar a trabajarse cómo se mete en la Unión Europea. Pero mientras tanto hay fronteras económicas, hay trámites aduaneros, impuestos, muchos elementos que encarecen los productos. Lo que significa que se pierden los mercados. A ello hemos de añadir que en España hay mucha gente que no ve con buenos ojos la independencia de esas regiones, lo que generaría reacciones de rechazo a sus mercancías. Todo ello provocaría un retroceso importante de la actividad económica en esas regiones. Solo con la aplicación de las reglas aduaneras, para el País Vasco esas pérdidas representarían alrededor del 15% del producto interior bruto. A ello hay que añadir que habría deslocalizaciones de empresas, con lo que ese porcentaje se elevaría al 25%. Además se producirían fenómenos migratorios derivados de la violencia ejercida contra quienes son españoles y querrían seguir siéndolo. Ese vaciamiento demográfico, que podrían alcanzar entre el 15% y el 20% de la población, supondría una fuerte reducción de la actividad económica. En 5 o 10 años los procesos de secesión desembocarían en una drástica reducción del tamaño de esas economías. No es cierto el argumento de que, con la independencia del País Vasco y Cataluña, saldría perdiendo el resto de España, es un argumento falaz donde los haya.
Pregunta.- Esas serían las consecuencias de la independencia para Cataluña y el País Vasco. ¿Y cuáles serían las consecuencias para el resto de España?
Respuesta.- Se produciría un cierto shock, relativamente pequeño, en nuestra economía. Pero superado este, la economía española saldría mejorada. Los mercados se pierden pero no desaparecen, los ocupa otro. Y ese otro sería una empresa de Badajoz, o de cualquier otro lugar, que encontraría su oportunidad en la retirada de una empresa catalana. La secesión de esas regiones generaría nuevas oportunidades para el resto de España, con un mercado mucho más amplio que el de las zonas que se independizarían y que, por estar abierto desde el punto de vista internacional, multiplicaría sus oportunidades frente a las de esos dos nuevos países.
Los nacionalistas gustan de pintar un idílico panorama económico para sus regiones en el caso de que llegaran a independizarse. Y añaden que el gran perjudicado en un proceso de secesión sería España, y no esas regiones. En una reciente entrevista, Mikel Buesa (UPyD) reflexiona al respecto:
Pregunta.- Los nacionalistas sostienen que si logran la independencia el problema será de España porque los ricos son ellos. Afirman que la riqueza está precisamente en las regiones que quieren segregar.
Respuesta.- Eso es radicalmente falso. Cataluña y el País Vasco forman parte del núcleo de regiones desarrolladas de España. Pero contra lo que dicen los nacionalistas, ellos no son los ricos, y los demás, pobres. Hay unas cuantas regiones que sobrepasan ampliamente el nivel de bienestar de Cataluña y el País Vasco. Buena parte de la actividad económica en esas dos regiones se genera porque colocan su producción en el mercado nacional. Aun cuando ahora no tenemos fronteras económicas en el marco europeo, el mercado nacional sigue siendo muy importante. Y la intensidad de la relación económica de las empresas catalanas y vascas con ese mercado es muchísimo mayor que con cualquier otro. Es el efecto frontera: hablamos el mismo idioma, participamos de un sustrato cultural común, hay siglos de relación, etc. Son muchos los elementos que intensifican esa relación.
Pregunta.- En cambio si fueran independientes aparecerían las fronteras.
Respuesta.- Si se rompe la relación con el resto de España aparecerán fronteras. Ser independiente no significa que uno está metido en el tinglado europeo, sino que tiene que empezar a trabajarse cómo se mete en la Unión Europea. Pero mientras tanto hay fronteras económicas, hay trámites aduaneros, impuestos, muchos elementos que encarecen los productos. Lo que significa que se pierden los mercados. A ello hemos de añadir que en España hay mucha gente que no ve con buenos ojos la independencia de esas regiones, lo que generaría reacciones de rechazo a sus mercancías. Todo ello provocaría un retroceso importante de la actividad económica en esas regiones. Solo con la aplicación de las reglas aduaneras, para el País Vasco esas pérdidas representarían alrededor del 15% del producto interior bruto. A ello hay que añadir que habría deslocalizaciones de empresas, con lo que ese porcentaje se elevaría al 25%. Además se producirían fenómenos migratorios derivados de la violencia ejercida contra quienes son españoles y querrían seguir siéndolo. Ese vaciamiento demográfico, que podrían alcanzar entre el 15% y el 20% de la población, supondría una fuerte reducción de la actividad económica. En 5 o 10 años los procesos de secesión desembocarían en una drástica reducción del tamaño de esas economías. No es cierto el argumento de que, con la independencia del País Vasco y Cataluña, saldría perdiendo el resto de España, es un argumento falaz donde los haya.
Pregunta.- Esas serían las consecuencias de la independencia para Cataluña y el País Vasco. ¿Y cuáles serían las consecuencias para el resto de España?
Respuesta.- Se produciría un cierto shock, relativamente pequeño, en nuestra economía. Pero superado este, la economía española saldría mejorada. Los mercados se pierden pero no desaparecen, los ocupa otro. Y ese otro sería una empresa de Badajoz, o de cualquier otro lugar, que encontraría su oportunidad en la retirada de una empresa catalana. La secesión de esas regiones generaría nuevas oportunidades para el resto de España, con un mercado mucho más amplio que el de las zonas que se independizarían y que, por estar abierto desde el punto de vista internacional, multiplicaría sus oportunidades frente a las de esos dos nuevos países.
(Mikel Buesa en Valencia Hui, 9.12.07)
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